La reanimación cardiopulmonar es una de las intervenciones más importantes que llevarás a cabo a lo largo de tu carrera. Además, tendrás que enfrentarte a ella en numerosas ocasiones. Por tanto, conocer cómo realizarla de forma adecuada puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de los pacientes.
A lo largo de este artículo te mostraremos en qué consiste, cuando la deberás aplicar y cuál es el papel del TES en estas intervenciones.
¿Qué es la reanimación cardiopulmonar?
La RCP es un conjunto de técnicas destinadas a compensar, de forma temporal, las funciones del corazón y de los pulmones cuando estos dejan de funcionar de manera efectiva. Su finalidad principal es la de conservar un pequeño flujo de sangre oxigenada para que esta siga siendo enviada hacia los órganos vitales, con una especial relevancia en el caso del corazón y del cerebro.
Para realizar una RCP hay que combinar dos maniobras:
- Compresiones torácicas. Estas sustituyen la función de bombeo del corazón.
- Ventilaciones de rescate. Aportan oxígeno a los pulmones.
Con ellas puedes mantener una circulación mínima hasta que se restablezca la actividad cardíaca espontánea o hasta que el paciente pueda recibir tratamiento médico avanzado.
La mayoría de las reanimaciones a las que tendrás que enfrentarte en los avisos serán en casos de personas que han sufrido una parada cardiorrespiratoria. En estos casos, el corazón puede dejar de latir por completo y te encontrarás con pacientes sin respiración y sin consciencia.
¿Por qué es fundamental actuar con rapidez?
En una reanimación cardiopulmonar cada segundo cuenta. Y es que cuando se pierde la circulación sanguínea el cerebro comienza a sufrir daños a partir de los primeros cuatro o cinco minutos. En situaciones favorables, como por ejemplo cuando la temperatura es muy baja, este tiempo puede llegar a duplicarse, pero más allá de esa barrera las probabilidades de una recuperación total sin secuelas son bajas.

Maniobras básicas de RCP
Ya hemos visto que las compresiones y ventilaciones son cruciales para que hagas una RCP eficaz. Pero el protocolo exige ser muy minucioso para no dejar ningún detalle al azar. En primer lugar, debes garantizar la seguridad tanto del paciente como la tuya propia. A continuación, hay que valorar el estado de la víctima comprobando si responde a los estímulos.
Si está inconsciente, hay que comprobar si hay latido cardíaco y si respira con normalidad. Y decimos con normalidad porque en ocasiones hay pacientes en parada cardíaca que tienen lo que se conoce como respiración agónica o gasping. Estos casos deben tratarse de la misma forma que si el paciente no respira, ya que no es capaz de hacer que el aire llegue a sus pulmones.
Tanto si no detectas latido como si no respira debes iniciar las compresiones torácicas de inmediato. Estas se hacen en el centro del pecho y con una profundidad de entre cinco y seis centímetros. Lo ideal es que el ritmo aplicado sea de entre 100 y 120 por minuto y debes alternar 30 compresiones cada 2 ventilaciones.
La mayoría de las ambulancias de soporte vital básico ya cuentan con un desfibrilador externo semiautomático. Este dispositivo se encargará de comprobar el latido del paciente y una vez coloques los electrodos se encarga de administrar una descarga eléctrica por sí mismo.
Estos aparatos te serán de gran ayuda al realizar una RCP, ya que esta maniobra por sí misma, aunque es efectiva para mantener la oxigenación, no suele conseguir que el corazón recupere el latido, salvo algunos casos excepcionales como ahogamientos, etc.
Si no dispones de esta herramienta o si no es efectiva tras su uso, tendrás que mantener la reanimación hasta que llegue una ambulancia de soporte vital avanzado.
El trabajo en equipo durante la reanimación
La reanimación cardiopulmonar rara vez es una tarea individual. En la mayoría de los casos se trata de un proceso coordinado entre varios profesionales del equipo de emergencias.
Mientras un miembro del equipo realiza las compresiones torácicas, otro puede encargarse de las ventilaciones, del manejo del desfibrilador o de la preparación del material necesario para el soporte vital avanzado.
Como Técnico en Emergencias Sanitarias desempeñarás un papel esencial en esta dinámica de trabajo. Tu formación te permite colaborar activamente con médicos y enfermeros, garantizando que las maniobras se realicen de forma continua y eficaz.
Incluso, cuando estos no están presentes, tus conocimientos te permitirán realizar estas maniobras de forma autónoma y con buenos resultados. También puedes encargarte de tareas como la monitorización del paciente, el control del material sanitario y la preparación del traslado en la ambulancia.
La reanimación cardiopulmonar es una técnica esencial en la atención a las emergencias sanitarias y constituye una de las intervenciones más importantes para salvar vidas en situaciones de parada cardiorrespiratoria. Si actúas con rapidez y aplicas correctamente las maniobras de RCP puede aumentar de forma significativa las probabilidades de supervivencia del paciente y reducir las posibles secuelas neurológicas.
